Presentación del blog

Memoria y ficción es un blog que invita a compartir los recuerdos de quienes ya acumulamos algunos años y, lejos de avinagrarnos pensando que cualquier tiempo pasado fue mejor, miramos hacia atrás con una sonrisa de comprensión sin perder el sentido crítico. La melancolía es inevitable, sobre todo cuando se relaciona con la lejana juventud, pero también resulta paralizante. Una alternativa pasa por la recreación del pasado gracias a las múltiples ficciones o recuerdos que lo avivan en diálogo con nuestro presente.

La memoria debe ser alimentada para mantenerla viva como garantía de supervivencia en un mundo bastante caótico donde las referencias, las fijas, escasean por el afán de consumir la última novedad. Frente a este sindiós, cabe plantarse, recordar con una sonrisa nada bobalicona y compartir unas vivencias que fundamentan una trayectoria donde todo, al final, acaba teniendo el valor relativo de un sano escepticismo.

Alicante, 1964. Mi abuela, un amigo y yo en una foto neorrealista

Enrique Tierno Galván explicó en reiteradas ocasiones que a los dieciocho años un individuo debía tener lo fundamental claro y, a partir de ese momento, ahondar en una misma dirección. Esta última puede llevarnos a lugares insospechados, pero es indudable que el momento generacional capaz de marcarnos suele ser el de la juventud y con él aparecen los recuerdos imborrables que se añaden a los de la infancia.

Nací en 1958 en una España todavía en blanco y negro, mi infancia fue la de un chaval del tardofranquismo y mi juventud coincidió con un momento tan apasionante como la Transición. De todo ese período hablaremos en un blog que continúa la labor iniciada en Varietés y República, que a partir de ahora permanece en la red como un diario de mi actividad profesional.

Para hacer posible ese enlace con lo publicado, durante las primeras semanas recuperaré las entradas del primer blog vinculadas con la temática de Memoria y ficción y a partir del curso 2026-2027 añadiré otras que completen una labor iniciada con dos libros todavía accesibles: La sonrisa del inútil (2008) y Contemos cómo pasó (2016). Ambos marcaron la línea a seguir y ahora, puesto un pie en la jubilación, la culminaré con un blog que será un espacio de diálogo con el pasado a la búsqueda de una sonrisa compartida y compatible con la lucidez crítica.

La melancolía la dejamos para otro momento porque solo la juventud lejana la merece y a ratos, porque la memoria y la ficción también nos la devuelven envuelta en recuerdos que conviene mantener bien vivos.

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